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27/09/2017
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Ajad Haám

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Ajad Haám

Por: Manuel Levinsky


La voluntad de vivir y el genio nacional fueron las dos ideas fundamentales de la filosofía de Asher Ginsburg mejor conocido con el seudónimo de Ajad Haám, quien entró en la historia como padre del sionismo espiritual o cultural en contraposición al sionismo político. Alejado de toda teología, su pensamiento se definirá mejor como doctrina del nacionalismo cultural.
Las bases filosóficas de su teoría las derivó Ajad Haán del positivismo francés e inglés y de los sistemas sociológicos de su época. Como John Stuart Mili y Renán, afirmó que "la nación, como el individuo, posee un ego o yo distinto". Ese ego, en su multilateralidad consiste en numerosas características, persiste en la nación a través de toda su historia, aunque los individuos que la constituyen desaparezcan sucesivamente. El yo nacional o como se llamaba en los albores del siglo XIX, el espíritu de la nación, se parece grandemente al yo individual. Al igual que éste, que contiene la suma de todas las experiencias de una persona, junto con sus aspiraciones y ansias, el yo nacional comprende la suma de todas las experiencias de la nación por una parte y de sus esperanzas y anhelos por la otra. Es en otras palabras, el punto de convergencia del pasado y del presente.
Sobre este personaje hay un interesante libro del Dr. Nathan Lerner, de cuyas páginas hemos sacado material para enriquecer esta semblanza.
Ajad Haám, nació en la Rusia meridional, en una aldea llamada Skvira el 18 de agosto de 1856. Había sido superada ya, la primera mitad del siglo XIX, período que -como lo señala un popularizador de la historia de la filosofía- ha exaltado

como representantes de la época a un grupo de poetas pesimistas: Byron de Inglaterra, Musset de Francia, Heine de Alemania, Leopardi en Italia, Puschkin y Lérmontov en Rusia y a un grupo de compositores también pesimistas como Shubert, Schumann, Chopin y aún Beethoven en los últimos tiempos y por encima de todo a un filósofo profundamente pesimista, Arturo Schopenhauer.
Después de una generación intoxicada por sistemas de gobiernos absolutistas, el espíritu de Europa había reaccionado, precaviéndose contra toda clase de metafísica. Se vivía ya bajo influencia de la Filosofía Positiva de Comte, que fuera fundador y jefe de una de las escuelas filosóficas más poderosas del siglo XIX y cuya segunda gran obra "Política Positiva" que tiene como fuente la experiencia y como contenido el conjunto de las ciencias, había visto la luz dos años antes de que naciera Ajad Haám.
Darwin y Nietzche serían dos nombres que ocuparían un lugar ponderable en las especulaciones y en los escritos de Ajad Haám. Fueron, por otro lado, los anos de auge del liberalismo político y los albores del socialismo.
Ese es el panorama ideológico de Eu-ropa cuando nace Ascher Ginsburg o Ajad Haám quien proviene de una familia de estudiosos rodeado siempre de un mundo de libros. En su aldea natal en la Rusia de los zares, sin compañeros de su edad, sin ninguna de las diversiones propias de la niñez, se convirtió en un estudiante devoto del Talmud. En esa época, en 1859 aparece la "Crítica de la Economía Política" de Carlos Marx y en 1867 su obra más importante "El Capital" considera-do como el ideario de la doctrina comunista.
A los 16 años, edad en que fue unido en matrimonio, según las costumbres de aquella época, Ajad Haám tenía ya reputación como talmudista y experto en la ley virtual judía y hasta rabinos solían consultarlo sobre tales cuestiones. Dedica su atención sobre obras filosóficas de los escritores judíos españoles. Toda esta lectura era casual y fragmentaria, sin guía alguna. Los fanáticos del distrito en que vi-vía, consideraban esos estudios como inútiles y un veneno peligroso para la sociedad. Pero no transcurrió mucho tiempo sin que el joven estudioso se rebelara contra la opresión del ambiente, y sediento de instrucción superior, emprendió viajes a Viena y más tarde a Berlín y a Breslau con objeto de estudiar en esas universidades la ciencia de la filosofía. En 1884 se trasladó a Odesa, donde entró en contacto con los dirigentes espirituales del movimiento "Amantes de Sion" dirigido por Leo Pinsker y pronto se convirtió en uno de los críticos más constructivos de todo el movimiento nacional y en fundador del sionismo espiritual o cultural, en contraposición al sionismo político.

En el ínterin había acumulado un bagage significativo de cultura "secular" había aprendido además del ruso, el hebreo y el idish, el alemán, el inglés, el francés y el latín y realizó estudios profundos en historia, filosofía y sociología. Su mente estaba ya madura para abrazar el ideal al que consagraría su existencia "el sionismo" el nuevo movimiento o designio era el retorno a la Tierra de Eretz Israel.
En 1891 y 1893 Ajad Haám visitó Palestina y a raíz de sus viajes escribió "En la Encrucijada" cuyo prólogo dice: "Hoy somos testigos de un espectáculo histórico sin precedentes. La Congregación de Israel ha empezado a asombrarse de sí misma, a buscar una finalidad a su vida y un punto final a su errabundaje, no por el deseo del premio que la espera, sino para llevar la finalidad a la práctica y aproximar con sus propias manos el final". Fue uno de los más grandes pensadores y filósofos hebreos del siglo XIX que comprendió la necesidad de preparar a los judíos para el renacimiento nacional. Según Ajad Haám, los judíos en su obra "La Encrucijada" deben recobrar su voluntad de vivir como un pueblo. Como medio para esa recuperación y como consecuencia de ella, deben retornar para reasumir allí la vida normal y creativa de una nación. El sionismo, por consiguiente, implica la reorientación de la vida del pueblo judío, pasando de la condición de un pueblo disperso, por una tradición cimentada en lo sobre-natural y en el destino ultramundano, a la de una nación territorial moderna unida por un pasado común y por una determinación de dar primacía a los valores permanentes de ese pasado. El sionismo por lo tanto debe encarar todas las necesidades judías, en los campos económico, social, cultural y espiritual. Entre los valores permanentes del pasado hebreo decía Ajad Haám, hay dos sobresalientes: El idealismo profético, simbolizado por Moisés y la supremacía de la razón, simbolizada por Maimónides. Toda esta estructura filosófica creada por este genio fue generada y desarrollada completamente dentro del siglo XIX.
Ajad Haám enseñaba que el camino del judaísmo debía ser la perfecta armonía del espíritu y la materia. Fue la máxima luminaria pensante. Ajad Haám pensaba y el poeta Bialik cincelaba la problemática judía en versos inolvidables. En el ángulo político soñaba Herzl, en el poético soñaba Bialik y en el teórico soñaba Ajad Haám.

En 1921, ya enfermo se transladó a Eretz Israel, donde se le obsequió con una casa en la calle que lleva su nombre, y el 2 de enero de 1927 falleció en medio del duelo nacional, sus restos reposan en el cementerio de Tel-Aviv, junto a otro prócer Max Nordau. Su impacto sobre el pensamiento judío es ya un hecho definitivo. Fue el paladín de la verdad, el campeón del espíritu, claro de visión, modesto y puro en cada pensamiento, seguro en su propia verdad, que supo recorrer el camino que había escogido con paso firme y mirada segura, como quien lleva en su alma la llama sagrada y conserva la última chispa del fuego celestial.



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