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27/09/2017
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Abba Eban 1915-2002

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A la sombra de un diplomático gigante.


Abba Eban 1915-2002


Por: Tzila Chelminsky (Israel)

Puede decirse con certeza que, desde a fines de los años 40 en que hizo su aparición en el escenario político al lado del Dr. Jaim Weizman en la lucha por un estado y soberanía judíos, pocas personas han podido articular y presentar el caso sionista y posteriormente el israelí, con tan admirable elocuencia y convicción, como el recién fallecido Abba Eban.

Con su acento oxfordiano, sus bien construidas frases y su voz sonora, se impuso durante décadas en la conciencia mundial como el portador de un mensaje de esperanza del pueblo que podía haber perdido toda ilusión y fe en la humanidad después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Fue un poderoso defensor del Estado y del pueblo judío. Como Embajador ante los Estados Unidos y las Naciones Unidas, representó al Israel con el cual la conciencia liberal del mundo se podía identificar. Abba Eban puede considerarse como uno de los grandes diplomáticos de esta época.

En épocas difíciles defendió la justicia de la causa sionista y la eterna esperanza de Israel de vivir en paz con sus vecinos. Sentó los cimientos del servicio exterior israelí y demostró que, a pesar de ser Israel un país pequeño, su contenido moral puede oírse fuerte y convincente en todo el mundo.

Más estadista que político, fue un judío moderno en el sentido estricto del término. Un verdadero patriota al viejo estilo: hombre de mundo y al mismo tiempo nutrido de la herencia cultural judía; concentrado en las luchas y tribulaciones de su pueblo, pero sin perder el horizonte de la humanidad.

Eban nació en Sud-África con el nombre de Aubrey: siendo muy pequeño, su familia se trasladó a Inglaterra. A mitad de una brillante carrera académica en Cambridge en lenguas orientales, se enlistó en el ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial sirviendo en Egipto y Palestina, y fue posteriormente el contacto de la Agencia Judía ante los ingleses. Al terminar la guerra tuvo la posibilidad de seguir su brillante carrera académica o bien postularse al Parlamento inglés (ambas posibilidades le fueron ofrecidas), pero prefirió quedarse en Palestina y ser miembro de la delegación de la Agencia Judía ante las Naciones Unidas. Alcanzó prestigio internacional en 1948 cuando encabezó la lucha de Israel por ingresar ante las Naciones Unidas, y fue el primer embajador con el rango de Ministro ante ese organismo, al mismo tiempo que el primer embajador israelí ante los Estados Unidos, cargos que ocupó de 1950 a 1959. Solía mencionar como uno de los momentos culminantes de su carrera, el momento en que vio izarse la bandera israelí en la ONU. Fue el arquitecto de las relaciones de Israel y los Estados Unidos, y fundador de AIPAC, el lobby más fuerte que existe actualmente en ese país.

Regresó en 1959 a Israel, y fue electo a la Knesset como miembro del partido Mapai; sirvió en los gobiernos de Ben Gurión. Levi Eshkol y Golda Meir, como Ministro de Educación, Vice Primer Ministro y Secretario de Relaciones Exteriores, cargo que ocupó de 1966 a 1974. Eban combinó la capacidad de aprovechar gloriosas victorias militares con una inspirada retórica diplomática. Su inolvidable discurso ante las Naciones Unidas durante la Guerra de los Seis Días (1967), declarando que "'nunca en la historia ha habido un uso más justo de la fuerza armada", constituyó una de sus mejores horas. En esa fecha jugó un papel crucial en la formulación de la resolución 242, y después de la Guerra de Yom Kipur (1973), en la de la 338. Estas resoluciones han sido la piedra angular de todos los procesos políticos actuales, incluyendo el acuerdo de Camp David firmado por Menajem Beguin y Anwar Sadat, y posteriormente de los Acuerdos de Oslo firmados por Itzjak Rabin, Shimón Pérez y Yaser Arafat.

Continuó en la Knesset de 1974 a 1988, fungiendo como Director de la Comisión de Relaciones Exteriores y del Comité de Defensa. En 1988 recibió un golpe de gracia por parte de su propio partido, al no ser electo en un lugar real para la lista al Parlamento, tras lo cual se retiró de la vida política.

Es increíble que a pesar de la enorme presencia y popularidad que alcanzó en el exterior, en Israel siempre fue considerado un "extranjero" (outsider). Su redondeada apariencia, su impecable vestir, su elegante manera de hablar, su pulida escritura y principalmente el pronunciado acento oxfordiano que nunca lo abandonó, forjaron la imagen de alguien que no quiere ingresar y ensuciarse en el turbio cocido de la política israelí. Completamente diferente al círculo de "nosotros" (los que actuaron en el Palmach y la Haganá), permaneció siempre distante, frío, con un sentido de humor inglés que sus colegas no siempre entendieron.

Sus habilidades retóricas lo llevaron a ser incluido en el Salón de la Fama de la Asociación de Plataforma Internacional entre los diez oradores más sobresalientes de la era moderna, al lado de personalidades como Winston Churchill, Martín Luther King Jr. y Franklin D. Roosevelt. Lo escuchamos tanto en México, donde abarrotaba cualquier auditorio, como en Israel, y siempre sus discursos eran electrizantes. Sus piezas oratorias y su Nueva Diplomacia han sido incorporadas como libros de texto en universidades americanas, inglesas y de otros países, y sus discursos han sido grabados.

Se dice que el Primer Ministro Levi Eshkol hablaba siete idiomas pero todos en ídish. De Eban se puede decir, que dominaba diez idiomas pero todos con acento oxfordiano. Sus finas frases quedaron como perlas de la diplomacia israelí. Cuando en Ginebra, en perfecto árabe, ofreció la paz con honor, hizo su ya clásico comentario de que "los árabes nunca han perdido la oportunidad de perder una oportunidad". Calificó al Affaire Polard como una "antología de errores" y comentaba que "la función del Ministerio de Relaciones Exteriores no es hacer cosas sino el explicar porqué no es posible hacerlas". Se cuenta como parte del folklore diplomático israelí (a pesar de que Isser Harel lo ignora en su autobiografía), que se aprovechó la presencia y estatura internacional de Eban para facilitar el traslado de Eichman en el mismo avión de Argentina a Israel.

En los últimos años de su vida se dedicó a escribir, con un dominio, erudición y cristalina claridad que le ganaron reputación internacional como uno de los más destacados escritores de su generación. Entre sus obras más famosas están El laberinto de la justicia, Sionismo y el mundo árabe, La ola de Nacionalismo, Mi patria y Mi pueblo. Su popular serie de televisión La civilización y los judíos, contó con un público de más de 50 millones de norteamericanos y fue presentada en otras partes del mundo. El libro que acompañó esta serie vendió cientos de miles de ejemplares, y constituyó un récord en obras de no-ficción.

No fue un gran luchador por sus ideas. Durante su actuación política el problema palestino no estaba aún en la agenda sino más bien las relaciones con el mundo árabe. Y aunque era partidario de una posición moderada fue considerado la persona más adecuada para explicar la posición israelí. Fue una paloma antes de que el término apareciera en el escenario político. Es posible que haya muerto decepcionado tanto de la política israelí como de la inhabilidad Palestina de aceptar la existencia del Estado Judío. Siendo un profundo conocedor de la cultura árabe y musulmana, tuvo la esperanza de que el glorioso pasado árabe podría ser renovado y que una posición de tolerancia triunfaría sobre el fanatismo y extremismo.



Con todos estos logros a su favor, sólo el año pasado (2001) recibió el Premio Israel por la contribución de toda su vida a la diplomacia israelí e internacional. A la ceremonia de entrega del premio le impidió asistir su delicada salud.

Así, sin ceremonia de entierro oficial, sin fanfarria ni publicidad, fue sepultado este gran diplomático a quien Ben Gurión llamó "La Voz de Israel", el más persuasivo abogado por la creación del Estado y, por más de 50 años, el más elocuente y brillante defensor de Israel ante la corte de la opinión pública mundial.


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