A un siglo de la Gran Teoría - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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A un siglo de la Gran Teoría

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A un siglo de la Gran Teoría
 
Por: Jacobo Contente
 
Cuando nos referimos a Einstein, generalmente lo asociamos con la genialidad y lo imaginamos físicamente en nuestra memoria, con aquellas fotografías tomadas generalmente en universidades o centros de conferencia en Norteamérica, donde ya tenía su pelo grisáceo, fumando pipa o tocando violín; sin embargo nos olvidamos que una de sus principales aportaciones al conocimiento humano, la realizó contando tan sólo con 26 años de edad.
Su lanzamiento a la fama ocurrió en relativamente poco tiempo (6 meses del año 1905), publicando sus artículos sobre la producción y transformación de la luz, las nuevas dimensiones moleculares, el movimiento de pequeñas partículas suspendidas, la electrodinámica de los cuerpos en movimiento y la inercia de los cuerpos y su energía, planteamientos que revolucionaron el mundo de las leyes de Newton y Maxwell.
Pero quien era Albert Einstein que con su ecuación E=mc2 (Energía igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado) a sus colegas contemporáneos, y posteriormente a todo el mundo a pensar -no sin dificultad-, que todo es relativo y nada absoluto como se creía; cuales fueron sus orígenes y formación de una ética, que no importando su fama, llegó a lamentar en lo profundo (después del estallido atómico en Hiroshima) diciendo: «Si llego a saber que pasaría esto, me habría hecho zapatero».
Su origen se sitúa en la población de Ulm, Alemania en 1879, siendo el primogénito de un familia judía. Su niñez no se diferenció de la de sus compañeros, salvo que nunca sintió interés en los deportes y que a corta edad se apasionó por la música clásica. Algunos de sus historiadores señalan un carácter más bien solitario, pero todos coinciden en su enorme curiosidad por entender los misterios y reglas de la naturaleza. En su autobiografía, cita uno de sus más vivos recuerdos de su infancia cuando le mostraron una brújula, algo mágico que lo inclinó al estudio de los fenómenos físicos, llevándolo a estudiar la materia en la universidad de Zurich a los 16 años.
Al estudiar las teorías de Maxwell y Newton, se dio cuenta que en algunos aspecto se contradecían, por lo que concluyó que alguno de los dos estaba equivocado. Al pasar el tiempo y dar a conocer su teoría de la relatividad, pidió disculpas a Newton por demostrar que muchas de sus conclusiones estaban erradas, ya que para hasta entonces el físico más grande de la historia, el espacio y el tiempo eran inalterables, constantes, un sistema de referencia a partir del cual se medía todo.
Esa visión de Einstein, para la comprensión de muchos era absurda; no obstante lo dicho por él de que «el tiempo no pasa igual de rápido», no se hizo esperar mediante confirmaciones matemáticas y hasta con ejemplos como el de los gemelos, que consiste en imaginar que uno de ellos emprende un viaje espacial en un cohete desplazándose a la velocidad cercana a la de la luz, y el hermano se queda en casa. Según Einstein, el tiempo pasaría más despacio para el hermano viajero, y cuando regresara a tierra, su hermano habría envejecido más que él. Ilógico, pero cierto.
El caso citado con anterioridad, al igual que otros mencionados para mayor comprensión de sus teorías, con el pasar de los años fueron comprobados a plenitud, por ejemplo: En la década de los 70's del siglo XX, se pudo demostrar que en efecto con la ayuda de relojes atómicos de gran precisión el tiempo no transcurría de la misma forma, colocando uno de los relojes en un avión supersónico y el otro dejándolo en tierra, notándose un retraso en el reloj transportado por la nave. Fenómenos imperceptibles en nuestra vida cotidiana.
No obstante sus éxitos y reputación encumbrada en el mundo científico a partir de la teoría de la relatividad, sabía que no estaría completa sin el estudio y nuevos planteamientos sobre las leyes de la gravedad, por ello y de nuevo cambiando las verdades absolutas de Newton, demostró que la gravedad no era una fuerza, sino una consecuencia de la deformación del espacio. Un símil para visualizarlo fue el de la cama, en donde se ponía una pesada bola de hierro que la deformaba; si se tiraban bolas más pequeñas, estas se desviarían al pasar al lado de la bola grande, no por la fuerza de atracción, sino por la misma deformación de la cama; por ello la tierra no sale disparada por el espacio, porque la masa del Sol curva el espacio y la mantiene en su órbita. Tres años después de su teoría, el conocimiento del mundo lo comprobaría, creándose la llamada relatividad general que revolucionaría el mundo entero.
Pocos de sus contemporáneos eran capaces de entenderlo, e incluso tenía fervientes detractores, pero el científico continuó siendo noticia, la mayor de las veces por la revolución que provocaba, pero en otras muchas ocasiones, por el pacifista convencido que viajaba por todo el mundo defendiendo la causa judía y sus reflexiones que relacionaban la ciencia con la religión. Podemos afirmar que nunca se mantuvo inactivo, incluso durante sus últimos 30 años de vida, en que persiguió sin éxito un sueño que consistía en unificar su teoría de la relatividad con el electromagnetismo, en una única teoría que se pudiera aplicar a cualquier objeto, bajo cualquier condición posible. Un reto muy ambicioso que sentó las bases, y que hasta nuestros días se sigue estudiando por la física teórica y cuántica.
No sabemos si el día de mañana surja otro gran genio como Einstein que modificó y afinó los trabajos de grande físicos como Newton y Maxwell. En la actualidad algunos aspectos de su trabajo se ponen en duda, pero esas dudas no se han corroborado a plenitud por las nuevas generaciones de científicos, que a diferencia del genio judío del siglo XX, no contaba con mayores instrumentos, ni presupuestos millonarios, tan sólo con su inquieto y metódico poder de observación y su inigualable mente talentosa.

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