¿Qué tan Santa es la Tierra Santa para el Santo Padre? - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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¿Qué tan Santa es la Tierra Santa para el Santo Padre?

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¿Qué tan Santa es la Tierra Santa para el Santo Padre?


Por: Tzila Chelminsky (Israel)


El Santo Padre, Juan Pablo II, visitó finalmente la Tierra Santa. Este es el viaje número 91 que realiza en los 22 años que tiene de encabezar la Santa Sede, y es, desde luego, el más importante que ha realizado desde el punto de vista teológico. Después de recorrer prácticamente todo el mundo, llegó finalmente a la cuna del cristianismo: a la tierra donde nació, creció, predicó y murió Jesucristo y de la cual nunca salió; la tierra desde la que sus discípulos, los Apóstoles, se esparcieron por el mundo para difundir una nueva fe y una nueva verdad. El pueblo en Israel estaba a la expectativa. La memoria es central al judaísmo, por lo que no se podían olvidar los 2.000 años de antisemitismo rabioso propagado por la Iglesia Católica, la quema de judíos en la hoguera y la inquisición, las disputaciones y quemas del Talmud, las calumnias por crimen ritual y los pogroms, las diversas expulsiones, incluyendo el holocausto y la relación de la Iglesia hacia el Estado de Israel en sus primeros años.

Es indudable que el Papa realizó este viaje cuando "consideró que había llegado el momento oportuno", influido por los procesos de paz que se están llevando a cabo en la región, y preocupado por el destino final de los lugares santos, así como por su avanzada edad y frágil salud.
Esta segunda visita de un Sumo Pontífice, desde la creación del Estado de Israel en 1948, y la primera desde la unificación de Jerusalem en la Guerra de los Seis Días (1967), se ha llevado a cabo en circunstancias muy diferentes a la de su antecesor Pablo VI, y con una nueva dimensión por lo que respecta a las relaciones entre el Vaticano y el mundo judío.
En el año de 1964, el Papa Pablo VI, entró a Israel por la puerta trasera: llegando desde la Margen Occidental ocupada por Jordania, visitó el Santo Sepulcro en Jerusalem, y fue recibido por el Presidente Shazar y otros dignatarios en el parque arqueológico de Meggido. Estuvo en el país menos de 12 horas, evitó visitar cualquier institución gubernamental israelí y volvió a Jordania cruzando por la puerta Mandelbaum, símbolo de la Jerusalem dividida. En esa ocasión el Rabino Itzjak Nissim propuso encontrarse con él en la Cámara del Holocausto en el Monte Zion, a sólo unos pasos del Cenáculo, sitio en el que tuvo lugar la Ultima Cena, y que estaba incluido en su visita. Ante la negativa del Papa, Nissim se negó a recibirlo. Hay que recalcar que en esos momentos tanto los árabes musulmanes como los cristianos y extranjeros pasaban libremente de un lado a otro de la
Ciudad Vieja de Jerusalem, mientras que a los judíos y aún a musulmanes y cristianos con pasaporte israelí les estaba prohibida la entrada. El Papa y su delegación fueron testigos de la destrucción y deliberada desecración del Barrio Judío, donde se encontraban las más antiguas y sagradas sinagogas, el abandono del Muro de los Lamentos, y desde el Monte de los Olivos pudo ver cómo se destruyeron sistemáticamente 40,000 tumbas judías, para que la Legión Jordana construyese una carretera. No se escuchó de sus labios una sola palabra de protesta.
A partir de entonces ha habido un cambio radical en el escenario político. Juan Pablo II viene a un país al cual reconoce como libre y soberano, con el cual mantiene relaciones diplomáticas serias, y se presenta ante el pueblo judío, con el cual ha tratado de resolver amargas diferencias históricas, casi siempre sangrientas, que se han prolongado 2.000 años.

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