¿Qué acaso soy de izquierda? - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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¿Qué acaso soy de izquierda?

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¿Qué acaso soy de izquierda?


Por: Bill Landau

No ha tenido ni tendrá mayor aproximación de experimentar de cerca y en carne propia
esa traducción pragmática que el pueblo judío le dio al socialismo, el kibutz.

Fue durante los años 80s que nosotros -como familia- pudimos vivir en el kibutz Nir-Eliyahu a pocos kilómetros de lo que hoy es la ciudad palestina de Kalkilia. Ya en esa época se vislumbraban los cambios que en términos económicos y humanos experimentaría el kibutz a final de siglo.
El colectivo -antes mayoritariamente agrario- giró hacia la industrialización al observarse con añoranza como se arrancaban los proverbiales naranjales israelíes, para dar paso a una fábrica de plásticos o a una planeada zona de camping turístico. Los miembros del kibutz trabajaban más eficientemente, ahora cada cual según sus capacidades para pagar (¡inaudito!) los servicios que se prestaban a la comunidad. Algunos miembros del kibutz ya podían trabajar en las ciudades, aportando la mayoría de su salario para el pago de prestaciones.
Si hoy yo viviera en el kibutz, podría trabajar en mi profesión en alguna de las grandes ciudades y pagaría por servicios que la comunidad me otorgara por vivir en el kibutz o sea, un viraje hacia la iniciativa privada.
Aun así, mucho se ha hablado y escrito sobre la caída del socialismo real a raíz de la desaparición de la Unión Soviética. Parecería que los acontecimientos no sólo en Israel, sino en el mundo entero conllevan a la desaparición de etiquetas y como se ha mencionado repetidamente "al final de las ideologías". Da la impresión que después del "terremoto" que sacudió al mundo, después de Glasnost y Perestroica se "ha tirado al recién nacido junto con el agua", es decir, no nos hemos preocupado por discernir quitando toda retórica, lo que el socialismo nos ha legado. Se impone pues una reflexión, que se me antoja hacer desde lo personal a manera de "test autoevaluativo" para analizar, si yo personalmente soy hombre de izquierda o no, a pesar que esa filosofía se me otorgó por herencia y educación.
Lo primero y antes que todo, es necesario tener una verdadera Inquietud Social que esté por encima de cualquier otro factor. En esencia un afán por la Justicia Social.
Si tomo mi educación y por ende mi profesión (médico psiquiatra), puedo decir que tiendo a tener una vocación por lo social, por lo menos lo inter-social y lo humano. La psiquiatría no es una profesión "socialista" y sin embargo, aun no siendo seguidor del Dr. Erich Fromm famoso psicoanalista social, la psicoterapia como disciplina que se aboca a la conducta, tiende a aclarar y traer a la conciencia todo aquel material reprimido por la mente, ya sea por la represión individual o la manipulación social. No en balde se ha perseguido al psicoanálisis por todo tipo de gobierno militares y de derecha.
Mi inquietud social no siempre se ha demostrado con miembros de mi propia familia. Sostengo que ser de izquierda y la caridad se empieza por casa. En ocasiones no le he dado a mi esposa el lugar como ente pensante e independiente que lo es. A veces he pecado de machismo chauvinista, tratando de imponer mis ideas como si las de ella no fueran iguales o mejores que las mías. Lo anterior me pone marca reprobatoria en la práctica de reconocer a la mujer como igual.
Con mis hijos, que en teoría, debería yo ser imparcial, he sido parcial y totalitario para con alguno de ellos. Reconocerme de izquierda, implica ser consciente de mis debilidades totalitarias necias y obtusas en mi relación con mis semejantes en general, pero más concretamente con mis seres queridos más allegados. Hablando como post-moderno, con los Otros significativos.
El segundo aspecto de tomar en cuenta es la Universalidad, ya nada de lo que pasa en un país o en el rincón más alejado deja de afectamos a la larga. Max Planck, el famoso teórico físico alemán quien teorizó sobre la física cuántica, nos enseñó "que todo repercute". Lao Tzu, el sabio chino y los profetas judíos, hablaban ya de lo mismo miles de años antes. Si todo lo que hacemos repercute, tenemos por fuerza que adoptar una nueva moral, no ya desde un mandato divino, eso se acabó con la Ilustración Francesa, más bien desde la reciprocidad pragmática ilustro:
Me conviene tratar a mi esposa y a mis hijos de una manera igualitaria, porque ellos a la vez se comportarán éticamente entre ellos y para conmigo.
Me conviene ser moderado en mis juicios, pues me lleva a ser elástico y pacificador.

Mis juicios deben ser moderados, no porque esté especificado en el Pirke Avot (tratado de principios Talmúdico) más bien, porque en el día con día mis acciones pueden repercutir de una u otra manera en lo personal.
La izquierda post-moderna habla de la convivencia pragmática de muchos egos. Se antoja mencionar al filósofo y compilador Hilel, quien en su momento dijo: "No hagas a los demás lo que no quieres para ti"', o su reverso, "haz a los otros lo que quieras para ti".
En la reciprocidad normalmente (excluyendo fragilidades humanas) si amo y respeto a mis hijos y esposa seré yo amado y respetado por lo general. Ser de izquierda, permite pensar que ninguna religión puede competir con la ética post-moderna, en donde la realidad impone si queremos sobrevivir y no perecer en el empeño del egoísmo ciego disfrazado de liturgias, bonita fraseología. Y política religiosa manipulativa, frecuentemente de origen económico.
Un hombre de izquierda tiene que representar el Antidogmatismo como tercer factor. Yo como padre y mis padres antes de mí, no poseemos toda la verdad.
¿Quién tiene las claves de las soluciones a los complejos problemas humanos?
Los hombres religiosos siempre enfrentados a la historia real, excluyendo al que no piensa como ellos. Un "excluido" fue ciertamente Baruch (Benedictus) Spinoza, quien buscó la espiritualidad del aquí y ahora, en pos de la Salvación más allá del contexto histórico-religioso de su momento. Las aventuras de la Inmanencia de Spinoza, reveló la presencia de una revolución filosófica en pensadores más tardíos como Goethe, Kant, Hegel, Heine, Marx, Nietzche, Freud, Einstein y ciertamente Martin Buber.
Todos ellos fueron profundamente e implícitamente influidos por Spinoza y comparten la esencia de su filosofía de la Inmanencia, es decir, "la realidad inmanente es todo lo que hay, es la única fuente de normas sociales, políticas y espirituales". El absorber este reconocimiento, precondiciona cualquier liberación o redención para lo humano.
Al interpretar la espiritualidad en Spinoza o en Buber, a los de izquierda se nos califica como ateos. Por otro lado, el antidogmatismo reprueba a los materialistas dialécticos ortodoxos, que excluyen lo espiritual y afectivo del desarrollo humano. Hay que acelerar el paso del pensamiento económico de lo "macro" a lo "micro". No basta que mis hijos sepan que "en general hay para vivir" necesitan tener el dinero contante en sus bolsillos que demuestre la preocupación del "Estado Benefactor Landau".
Ya que nadie tiene la exclusiva de lo cierto, es necesario antidogmáticamente Dialogar. Como dijo Ortega y Gasset: "Todos somos una perspectiva". Mi hija mayor puede aportar tanto desde sus vivencias, como mi hijo desde las suyas. Ser de izquierda hoy, es no ser idealista, el idealismo arrastró desde sus comienzos el pecado de querer eludir, desde su pureza, la inmediatez de la vida.
Ser de izquierda es hoy en día, un cuestionamiento constante de la "realidad", des-hacerla de las envolturas propagandísticas y comerciales. Mi familia no se estancó el día de mi boda, sino está en un constante proceso de evolución. No poseemos valores eternos, se van haciendo conforme se camina.


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