Huelgas, plantones y manifestaciones - Intelecto Hebreo

Son las:
27/09/2017
Vaya al Contenido

Menu Principal:

Huelgas, plantones y manifestaciones

3er Lustro Rev. Foro

Huelgas, plantones y manifestaciones


Por: Magdala

Estas actividades llevadas a cabo en silencio o vociferantes a veces con grandes pancartas, están de súper moda en mi bello México; lo que ocasiona embotellamientos terribles (aumentando la contaminación), retraso para llegar a cualquier lado (si es que logra llegar); pero lo peor, es que parece que nadie les hace caso y los problemas no se resuelven. Claro que esto no les preocupa a nuestros altos funcionarios, pues toman su helicóptero y llegan a su destino tranquilos y sin sudar la gota gorda; eso nos lo dejan a los sufridos ciudadanos a quienes la Revolución no nos hizo justicia.

Tomando el tema de la huelga, les comentaré que de hecho, según documentos encontrados en unas tumbas, los que hicieron la primera huelga y la primera manifestación laboral de la historia, fueron los trabajadores egipcios de las pirámides (que eran obreros más que esclavos) y utilizando métodos hoy comunes, obtuvieron cuanto pedían. Las generaciones posteriores han descrito a menudo a estos trabajadores, como mano de obra forzada que arrastraba una existencia miserable bajo brutales condiciones de explotación; pero ¿estaban los egipcios realmente tan oprimidos, y fueron los faraones siempre tan crueles y duros como con frecuencia se los pinta? ¿Estaban esos hombres descontentos a causa de unas condiciones realmente insoportables?...
Tradicionalmente los faraones eran sepultados en pirámides, pero a pesar del ingenio de los constructores, las tumbas eran saqueadas con frecuencia; así que el faraón Tutmosis I decidió -hace unos 3500 años- ser enterrado en una tumba subterránea en el que llegó a ser conocido como Valle de los Reyes, en la ribera occidental del Nilo, accesible desde todo Tebas y a la vez oculto de los ladrones; desde entonces todos los faraones fueron sepultados allí.
La ardua tarea de excavar en el interior de la roca blanda para construir tortuosos pasadizos, puertas ocultas y falsas cámaras, fue acometida por un equipo permanente de hábiles artesanos que también decoraron el interior de las tumbas. Se alojaban en un pueblo construido a tal fin, en pleno desierto llamado Deir el Medineh. Las casas se levantaban en filas que daban directamente a la calle y cada edificio de una sola planta se componía de cuatro habitaciones. Aunque no tenían agua propia, había un depósito público frente al muro que cercaba el pueblo.


El conocimiento de la vida de estos trabajadores se debe a miles de ostraca (fragmentos de caliza y trozos de cerámica cubiertos de escritura hierática y, a veces, de dibujos), descubiertos por unos arqueólogos franceses (1922-1947). Entre la información contenida en esas "páginas", figuran listas detalladas de los nombres y tareas de los obreros, el progreso de los trabajos en varias tumbas y hasta la anotación de que uno de los obreros faltó al trabajo porque había reñido con su mujer.
Los hombres estaban organizados en dos brigadas, cada una con un capataz, su ayudante y el escriba; trabajaban ocho horas diarias durante ocho días seguidos, durmiendo en simples cabañas junto a la tumba en construcción. El noveno y décimo días tenían vacaciones, que disfrutaban con sus mujeres e hijos en el pueblo.
Los salarios eran en especie -trigo para el pan y cebada para obtener cerveza- y se hacían electivos mensualmente del tesoro real, destinando algunas esclavas a cada brigada para moler el trigo. También había lavanderas para la ropa y alfareros para remplazar las vasijas que los trabajadores parecen haber roto con gran descuido. También les daban raciones de pescado, verduras, leña y aceite para el cuerpo, muy apreciado por quienes trabajaban entre el calor y el polvo. En algunas ocasiones el faraón, recompensaba a sus hábiles constructores con artículos de lujo, como carne, vino, sal y cerveza asiática.
Aislados en el desierto y sin poder cultivar sus alimentos, esos hombres confiaban en la entrega puntual de las provisiones el día 28 de cada mes, sin embargo a veces los cargados asnos se retrasaban. Durante el año 29 del reinado de Ramsés III, no llegó el suministro al pueblo en varias semanas, y los trabajadores acabaron por arrojar sus herramientas y encaminarse hacia el gran templo mortuorio de Ramsés II. Allí se sentaron ordenadamente y se negaron a volver al trabajo hasta que el faraón fuese informado de su situación desesperada.
Se consultó a un escriba del templo, quien al escuchar las razones de aquellos hombres, ordenó que se les diese el grano correspondiente a un mes, de lo suministrado a los escribas oficiales. Sin embargo los obreros protagonizaron nuevas huelgas en el curso de los meses siguientes, hasta que recibieron todas las pagas mensuales atrasadas.
Por lo que se sabe nadie fue castigado por atreverse a imponer condiciones al faraón. Parece ser que lejos de ser los déspotas implacables retratados en tantas películas de Hollywood, los gobernantes del antiguo Egipto eran menos tiránicos, y los trabajadores menos dóciles de lo que se nos ha hecho creer. Esos hombres no trabajaban como esclavos; su situación era algo ventajosa, pues sabían que su trabajo era absolutamente vital para el faraón, cuyo viaje al otro mundo, sería imposible a menos que su "casa de la eternidad" estuviese decorada, amueblada y terminada a tiempo para recibir sus despojos mortales.

En la actualidad podrían denominarse las huelgas y manifestaciones,
como las "de los maderos de San Juan", pues piden pan y no les dan.




Regreso al contenido | Regreso al menu principal